Año o trimestre escolar
Estimados padres,
¿Cómo va a desenvolverse mi hijo/a sin mí, sin su padre, sus hermanos, el colegio donde ya le conocen, los amigos de siempre, la abuela que le da un dinerito por debajo la mesa… En definitiva, lejos del entorno de seguridad que todo ello le supone y ofrece?
Todo esto y mucho más nos preguntamos mi familia y yo cuando Inés, mi hija mayor, pidió cursar un año escolar en EE. UU. en el año 1993.
Visto ahora, les puedo asegurar, en primera persona, que el esfuerzo emocional que, sin duda, debemos realizar los padres para “dejar volar” a nuestros hijos –y no ser los protagonistas de sus vidas solucionándoles todos y cada uno de sus problemas o inquietudes- tiene enormes compensaciones para ellos y para nosotros como padres.
Un año o trimestre en el extranjero es una experiencia que abre la mente de nuestros hijos y les hace entrar por la puerta grande en el mundo de los adultos. Se va un niño y vuelve un hombre, un chaval o una chica madura capaz de interactuar con nosotros, sus padres, prácticamente al mismo nivel. Se trata de mucho más que interiorizar un idioma, es conocer otras maneras de ver el mundo y aprender a respetarlas.
Ellos y nosotros hemos pasado nuestros miedos, hemos decidido abrirnos al mundo y hemos apostado por un crecimiento personal, y a la larga también profesional, que es un orgullo para ellos y para nosotros.
Angie Faus, presidenta
Desde mi experiencia, como madre y educadora, les animo a valorarlo.







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